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Alumnos y profesores de Sacramento lloran a estudiantes asesinados en tiroteo en iglesia

Un gran conejo de peluche junto a tres conejos más pequeños, globos, flores y velas en The Church in Sacramento en Wyda Way en Arden Arcade, el martes 1º de marzo de 2022, en una ofrenda para tres niñas que fueron asesinadas la noche anterior por su padre, que también mató al acompañante de las pequeñas y luego se suicidó.
Un gran conejo de peluche junto a tres conejos más pequeños, globos, flores y velas en The Church in Sacramento en Wyda Way en Arden Arcade, el martes 1º de marzo de 2022, en una ofrenda para tres niñas que fueron asesinadas la noche anterior por su padre, que también mató al acompañante de las pequeñas y luego se suicidó. rbyer@sacbee.com

Miss Darlene apenas la vio el lunes, no relacionó la silla vacía de la niña callada el martes y lo que había sucedido la noche anterior. Luego, llegó el mediodía y una fila de profesores dio la noticia a su clase.

“La vi ayer. Ayer vino a la escuela”, dijo la profesora invitada Darlene Tellis –Miss Darlene para los alumnos de Bannon Creek School, en el barrio de South Natomas, en Sacramento– a las puertas del afligido campus el martes, cuando terminaban las clases del día. “Ni siquiera lo sabía. Pasas lista y ella no está. No pensé en ello. Alrededor del mediodía de hoy, 15 profesores y administradores subieron y siguieron viniendo, siguieron viniendo. Luego, vino su profesor habitual”.

Los alumnos y los padres de esta escuela primaria y de la cercana Leroy Greene Academy se enteraron casi de la misma manera el martes.

Las niñas –Samia, de 13 años; Samantha, de 10, y Samarah, de nueve– habían muerto.

Dos de las niñas asistían a Bannon Creek. La otra iba a la escuela chárter Greene, dijo la portavoz del Distrito Escolar Unificado de Natomas, Deidra Powell.

Una iglesia a pocos kilómetros de distancia, en Arden Arcade, cerca del centro comercial Arden Fair, debía ser un refugio seguro para que un padre con problemas viera a sus hijas en una visita supervisada. En lugar de ello, el hombre de 39 años entró en la sala de reuniones del santuario con un arma, la apuntó contra sus pequeñas hijas y un acompañante, y luego se suicidó.

“Era una buena chica, tranquila”, recuerda Tellis sobre Samantha, una niña de cuarto grado que habría cumplido 11 años el miércoles. “Parecía ser muy inteligente”, y luego, con una sonrisa irónica, Tellis recordó cómo la niña habló el lunes en clase para defender a un estudiante del que se burlaba otro compañero. “Tenía una filosofía. Defendía sus principios”.

Luego llegó el martes, y la silla de la niña estuvo vacía.

El año pasado, su madre había presentado una orden de alejamiento en la Corte Superior de Sacramento contra David Mora, el pistolero. La orden judicial le prohibía poseer armas de fuego, pero usó un AR-15 para llevar a cabo su ataque. Y, el martes, los adultos tuvieron que explicar a los niños lo que ellos mismos se esforzaban por entender.

“Eso es de lo que siguen hablando. No lo saben realmente”, dijo Brittany Wartham, madre de dos niños, de nueve y seis años, en Bannon Creek. “Es muy triste porque no sabíamos que iban aquí. Es muy impactante para ellos.

“Dijeron: ‘Vamos a morir’. Yo dije: ‘No’, pero también tengo miedo”.

“Ella empezó aquí en el jardín de niños”, dijo Rosie Radrokai, madre de dos niños de nueve y 12 años en Bannon Creek, sobre Samantha. El hijo menor de Radrokai estaba callado, absorto en sus pensamientos, mientras estaba a su lado.

“Me dijo: ‘Mamá, tengo miedo. Me enteré de que alguien murió’”, comentó.

Radrokai trataba de asimilarlo todo: una pandemia, la guerra que asuela a Ucrania y, ahora, la tragedia del lunes. Finalmente, se preguntó: “¿Cuándo va a terminar esta tormenta?”

Samia, de 13 años, era una compañera de octavo grado de la hija de Leila McCray. McCray la esperaba afuera de la escuela y trataba de asimilar la noticia. McCray vio los reportes noticiosos el lunes por la noche, pero todavía estaba tratando de darle sentido el martes por la tarde.

“No sé cómo sentirme, es muy triste. Me he quedado sin palabras”, dijo. “Solo estoy rezando por la madre; todos sus bebés, simplemente no puedo imaginarlo”.

Los equipos de respuesta social y emocional del distrito estuvieron trabajando durante todo el día del martes, dijo Powell. Los trabajadores sociales y los consejeros, movilizados por primera vez durante los primeros días de la pandemia, ayudaban ahora a los estudiantes, padres y profesores a intentar comprender lo inimaginable.

“Es cualquier cosa menos un día normal”, dijo Powell. “Es un día que pensamos que nunca veríamos. Sabemos que nuestros padres están pasando por muchas cosas. Queremos hacerles saber que también estamos aquí para ellos”, continuó. “En Natomas, nos conocemos unos a otros.

“Cuando sufre uno, nos duele a todos”.

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