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Está a mitad de su maestría en Sacramento State. Sigue trabajando en el campo

Carlos Alfonso Perez, 23, who lives at the Lodi Migrant Housing Center with his family on Wednesday, Aug. 9, 2023 prunes a grape vine as the sun rises. Perez did something not many migrant students get the chance to do. Receive a higher education diploma. Perez graduated with his Bachelor of Arts in Spanish from Sacramento State and said he follows a credo he learned in Mexico when he lived there as he migrated. “Having our feet in the dirt, so we remember where we came from,” said Perez after work about why he continues as a farm laborer. “That’s where I started but not where I’m gonna end.”
Carlos Alfonso Perez, 23, who lives at the Lodi Migrant Housing Center with his family on Wednesday, Aug. 9, 2023 prunes a grape vine as the sun rises. Perez did something not many migrant students get the chance to do. Receive a higher education diploma. Perez graduated with his Bachelor of Arts in Spanish from Sacramento State and said he follows a credo he learned in Mexico when he lived there as he migrated. “Having our feet in the dirt, so we remember where we came from,” said Perez after work about why he continues as a farm laborer. “That’s where I started but not where I’m gonna end.” hamezcua@sacbee.com

Eran casi las 4 a.m. en el Harney Lane Migrant Center, cuando Carlos Alfonso Pérez y su familia se despertaron para otro día de trabajo en un viñedo en Lodi, California.

Tuvo cuidado de no despertar a su hermano menor, Julián, mientras hacía la cama en su habitación compartida. Julián, de 11 años, se libra de acompañar a su hermano mayor y a sus padres.

Carlos Alfonso Pérez se prepara en el Lodi Migrant Housing Center, donde vive con su familia, para ir a trabajar a un viñedo cercano, en agosto.
Carlos Alfonso Pérez se prepara en el Lodi Migrant Housing Center, donde vive con su familia, para ir a trabajar a un viñedo cercano, en agosto. Hector Amezcua hamezcua@sacbee.com

En la cocina, el padre de Alfonso Pérez, Carlos Santiago Pérez, preparaba burritos con sobras para el almuerzo del día. Cerca de él, su madre se preparaba con una camiseta de manga larga, un sombrero y un pañuelo para protegerse del calor abrasador.

Es una rutina que la familia ha realizado por años. Alfonso Pérez es trabajador agrícola de tercera generación, y vive en el mismo centro en el que su abuelo lo hizo durante 26 años.

Sin embargo, este joven de 23 años posee algo que nadie en la familia ha tenido nunca: un título de Sacramento State, expuesto con orgullo en la sala de su modesta casa de temporada.

En 2022, Alfonso Pérez se graduó con un título en Español. Ahora está a mitad de su programa de posgrado de dos años en Sacramento State, con el objetivo de enseñar algún día en una universidad.

Carlos Alfonso Pérez sostiene su título universitario de Sacramento State en agosto. Pérez está a mitad de su programa de maestría y todavía se levanta temprano para laborar en el campo con su familia de trabajadores agrícolas.
Carlos Alfonso Pérez sostiene su título universitario de Sacramento State en agosto. Pérez está a mitad de su programa de maestría y todavía se levanta temprano para laborar en el campo con su familia de trabajadores agrícolas. Hector Amezcua hamezcua@sacbee.com

Como hijo de trabajadores agrícolas migrantes, Alfonso Pérez ha superado muchas dificultades. Los hijos de estos trabajadores, que viajan por temporadas en busca de trabajo, tienen una de las tasas de abandono escolar más altas del país: entre el 45 y el 60% abandona la escuela preparatoria.

Hoy, Alfonso Pérez es una rareza aún mayor al seguir saliendo al campo con su familia. Se calcula que el 1% de los trabajadores agrícolas posee un título universitario.

“He oído hablar de estudiantes que lo hacen durante el verano”, dijo Erik Ramírez, director de Centros de Equidad y Afinidad de Sacramento State. “Pero esta es la primera vez que oigo que un estudiante lo haga después de terminar su licenciatura”.

Alfonso Pérez sabe que su tiempo en el campo terminará pronto. Hasta entonces, es un recordatorio de sus raíces y una oportunidad para reflexionar sobre lo que le ha costado llegar hasta aquí.

“Mi abuelo, mi padre, esa es la ruta que tomaron”, dijo Alfonso Pérez. “De ahí es de donde vengo. Los campos eran la principal fuente de comida en la mesa”.

Carlos Alfonso Pérez se pone los zapatos en el Lodi Migrant Housing Center mientras él y su familia se preparan para ir a trabajar al campo, en agosto.
Carlos Alfonso Pérez se pone los zapatos en el Lodi Migrant Housing Center mientras él y su familia se preparan para ir a trabajar al campo, en agosto. Hector Amezcua hamezcua@sacbee.com

Moverse entre dos países

La vida de Alfonso Pérez siempre ha girado en torno al campo, incluso antes de nacer.

“Mi madre dice que cuando estaba embarazada de mí, soñaba que recogía cerezas y que su barriga era el cubo donde se metían las cerezas”, dijo Alfonso Pérez.

Nació en el Condado de San Joaquín, en una época en la que su padre tenía dos trabajos. La familia ahorró lo suficiente para comprar una casa en Lodi.

Pero entonces les golpeó la crisis financiera de 2008. Santiago Pérez perdió su trabajo principal, y, finalmente, su casa. Se vieron obligados a mudarse a una pequeña casa móvil durante unos seis meses.

“Estaba bastante disgustado, pero no entendía muy bien lo que estaba pasando”, dijo Alfonso Pérez.

Sin muchas opciones, la familia regresó a su ciudad natal de Tacícuaro, México. Al principio, Alfonso Pérez tuvo dificultades para adaptarse a su nuevo entorno, pero pronto apreció la oportunidad de comprender mejor los orígenes de sus padres.

“Ahí empecé a recoger y a reconectar con mis raíces”, dijo.

Carlos Alfonso Pérez, de 23 años, quien vive en el Lodi Migrant Housing Center con su familia, poda vides de uva mientras sale el sol, en agosto. Pérez se graduó con un título de licenciatura en español de la Universidad Estatal de Sacramento y dice que sigue un credo que aprendió en México: "tener los pies en la tierra, para recordar de dónde venimos".
Carlos Alfonso Pérez, de 23 años, quien vive en el Lodi Migrant Housing Center con su familia, poda vides de uva mientras sale el sol, en agosto. Pérez se graduó con un título de licenciatura en español de la Universidad Estatal de Sacramento y dice que sigue un credo que aprendió en México: "tener los pies en la tierra, para recordar de dónde venimos". Hector Amezcua hamezcua@sacbee.com

La familia pasaría los cuatro años siguientes viviendo principalmente en México, y pronto se convertiría en una familia de seis miembros: tres niños y una niña. Sin embargo, Alfonso Pérez, el mayor, era el único que hablaba inglés con fluidez.

Santiago Pérez empezó a preocuparse por el futuro de sus hijos.

“Mi esposa y yo nos dimos cuenta de que estábamos cometiendo un error porque, cuando se hicieran mayores, volverían a Estados Unidos y acabarían en los campos”, dijo Santiago Pérez.

Los trabajadores agrícolas suelen tener bajos niveles de educación formal. Alrededor del 74% no termina la preparatoria, y el 93% tiene como mucho un diploma de preparatoria o equivalente, según un reporte de 2022 del Instituto de Políticas Públicas de California.

Con esto en mente, la familia decidió volver a Lodi. Santiago Pérez y su esposa volvieron a trabajar en el campo, con la esperanza de que sus hijos se beneficiaran de una educación estadounidense.

Carlos Alfonso Pérez (a la derecha), de 23 años, quien vive en el Lodi Migrant Housing Center con su familia, se toma un descanso con su hermano Cristian, de 18 años; su padre Carlos Santiago, de 45, y su madre Lorena, de 44, en agosto.
Carlos Alfonso Pérez (a la derecha), de 23 años, quien vive en el Lodi Migrant Housing Center con su familia, se toma un descanso con su hermano Cristian, de 18 años; su padre Carlos Santiago, de 45, y su madre Lorena, de 44, en agosto. Hector Amezcua hamezcua@sacbee.com

Descubriendo el valor de la educación

Alfonso Pérez empezó a trabajar en el campo cuando tenía 16 años, con permiso de Ronald E. McNair High School. El propósito era enseñarle a valorar la educación y lo que podía hacer por su futuro, dijo Santiago Pérez.

“(El trabajo agrícola es) uno de los trabajos que menos pagan y es el que más trabajo da”, dijo Santiago Pérez. “Queríamos que se diera cuenta de que estudiando llegaría más lejos que nosotros”.

Eso significaba hacer malabarismos con los estudios y el trabajo, y casi sin tiempo libre. Alfonso Pérez trabajaba los fines de semana y durante las vacaciones de invierno, primavera y verano. En determinadas épocas, como la temporada de recolección de cerezas, se iba a trabajar inmediatamente después de las clases.

Carlos Alfonso Pérez poda una parra de uva mientras sale el sol, en agosto. Pérez logró algo que no muchos estudiantes inmigrantes pueden conseguir:  un título de educación superior.
Carlos Alfonso Pérez poda una parra de uva mientras sale el sol, en agosto. Pérez logró algo que no muchos estudiantes inmigrantes pueden conseguir: un título de educación superior. Hector Amezcua hamezcua@sacbee.com

Cuando empezó a trabajar en el campo, Alfonso Pérez empezó a seguir el consejo de su padre y a tomarse en serio los estudios. También se dio cuenta de su afinidad por la lengua y la cultura hispanas.

Continuó trabajando en el campo hasta la universidad, primero en el San Joaquin Delta College y después en Sacramento State.

Ramírez y otros dos administradores de Sacramento State entrevistados por The Bee dijeron que es habitual que los estudiantes que aún están cursando sus estudios universitarios vuelvan a trabajar en el campo durante sus vacaciones escolares.

“Ahí es donde suelen tener experiencia, y a veces ganan más dinero por ese camino que yendo a trabajar a una cafetería”, dijo Ramírez.

Pero, después de obtener el título es otra historia.

Ninguno de los tres administradores –que trabajan principalmente con estudiantes latinos y migrantes– dijo haber oído hablar de un estudiante que siguiera trabajando en el campo después de terminar su licenciatura.

Alfonso Pérez reconoce que su decisión es poco común. Por ahora, le parece bien. Espera inspirar a sus hermanos pequeños y a todos los hijos de familias de trabajadores agrícolas inmigrantes.

“Tenemos un dicho en español”, dice Alfonso Pérez. “Tener los pies en la tierra, para recordar de dónde venimos. Ahí es donde yo empecé. No es donde voy a acabar, pero de vez en cuando, cuando puedo, me gusta trabajar allí para recordar los sacrificios que mis padres hicieron por mí, los sacrificios que hice por mí mismo y para apreciar las oportunidades que he tenido”.

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Esta historia fue publicada originalmente el 2 de octubre de 2023, 11:00 a. m..

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